¿Sirve el tratamiento para la influenza en niños?

Hoy apareció publicada en el periódico británico The Guardian una noticia cuyo título puede malinterpretarse:

Don’t give Tamiflu or Relenza to under-12s, warn researchers
(No des Tamiflu o Relenza a niños menores de 12 años, advierten investigadores)

Dicha nota hace mención a una investigación recién publicada en una revista médica de gran prestigio, el BMJ.

El título de la noticia puede confundir. Si no se tiene en cuenta toda la información se podría pensar que no se deberían de dar esos medicamentos a los niños que presenten la nueva influenza A(H1N1). Sin embargo, todo esto debe de analizarse dentro de su contexto.

El oseltamivir, cuyo nombre comercial es el ya famoso Tamiflu, es un medicamento que se ha utilizado para tratar los síntomas de la influenza estacional (la que todos conocíamos) desde hace varios años. Con la venida de la influenza pandémica, se ha recomendado el uso de este medicamento en los pacientes que tengan una sospecha alta o una enfermedad confirmada por laboratorio. Las bases de esta recomendación han sido estudios hechos anteriormente, donde se comparan pacientes con influenza que reciben oseltamivir contra pacientes con influenza que reciben un placebo. Los resultados de esos estudios, y los conocimientos que existen actualmente acerca del nuevo virus, hacen suponer que dicho medicamento podría proveer un beneficio en el tratamiento de la influenza A(H1N1).

La investigación publicada en el BMJ explica qué es lo que sabemos hasta este momento en cuanto a la utilidad del tratamiento con oseltamivir (o con la competencia, el zanamivir) en el tratamiento de niños que acuden a consulta (no niños hospitalizados) con influenza estacional:

1. El tratamiento disminuye los síntomas por 0.5 a 1.5 días. Es decir, si la enfermedad me iba a durar 5 días, con el tratamiento tal vez me dure 3.5 o 4 días.

2. El tratamiento podría causar vómito a uno de cada 20 niños que lo tomen. En unos pocos puede causar diarrea o náusea.

3. No se sabe qué tan efectivo es el tratamiento para prevenir complicaciones graves como la neumonía.

Entonces, está claro que el tratamiento sí sirve para disminuir los síntomas. El mensaje de los autores no es precisamente “no dar tratamiento” sino tratar de que se individualice en quiénes vale la pena darlo. Tal vez en un niño mayor de 5 años, sano, sin síntomas de gravedad y sin enfermedades o condiciones acompañantes, el tratamiento podría tener sólo un pequeño beneficio, y habría que poner en la balanza el riesgo de que al niño le pudiera dar vómito o diarrea por tomarlo. Pero por otro lado, el beneficio tal vez será mayor en pacientes con alto riesgo de enfermedad grave (como las embarazadas) y pacientes que presentan dificultad para respirar o síntomas severos.

Si desean leer más al respecto, los invito a visitar el blog del Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tec de Monterrey.

La moraleja de todo esto es que las noticias pueden ser malinterpretadas si no se les analiza críticamente. Una buena comunicación con tu pediatra puede despejar las dudas que existen entre los beneficios y los riesgos de éste y de cualquier tratamiento.