Las dos caras de la moneda de chicle

Se acerca el Día del Niño. En mis tiempos, eso representaba un día de festejo en la escuela donde podías ir vestido sin uniforme. Con suerte, salías con dulces. Ahora es diferente. Muchas escuelas tienen toda una semana de festejos. Cuánta diversión. Y aunque vivamos en una sociedad supuestamente más consciente en cuanto a la alimentación, las pachangas infantiles todavía están llenas de golosinas.

Hoy nos enfocaremos en una en particular: el chicle. ¿Qué me dirían si yo, como pediatra, le recetara chicles a un paciente en particular? Antes de que me griten, vamos viendo las dos caras de la moneda… de chicle.

Por un lado, la goma de mascar, por increíble que parezca, se ha asociado a ciertos beneficios en la salud: ayuda en la recuperación intestinal después de algunas cirugías como la cesárea; puede ayudar a personas que quieren dejar de fumar; y los chicles con xilitol, sin azúcar, podrían reducir las infecciones de oído e incluso las caries en ciertos niños.

Por otro lado, el consumo excesivo de chicles con azúcar provoca caries. Entonces, de primera instancia, eso es lo que tenemos que evitar, o al menos limitar.

¿Y qué hay de aquella leyenda de que si te tragas los chicles se te pegan en los intestinos? Los pocos reportes que hay al respecto son en pacientes con factores de riesgo y con una exageración de chicles consumidos.

Existe el caso de un niño de casi 5 años que tenía estreñimiento severo. Como parte de su tratamiento, al niño lo empezaron a premiar dándole dicha golosina cada vez que se sentaba y lograba evacuar. El niño empeoró de su problema y no sabían por qué. Tuvo que ser operado y, efectivamente, se encontraron con una tumoración de heces duras revueltas con goma de mascar. Al interrogar de nuevo tanto a los padres como al niño, se dieron cuenta que masticaba y tragaba entre 5 y 7 chicles al día.

Otro caso es el de un niño de un año y medio a quien le extrajeron del esófago por endoscopía un montón de chicles y ¡varias monedas! No monedas de chicle, dinero de verdad, de metal. Los padres dijeron que hacía mucho que le daban chicles a pesar de su corta edad.

Pero la realidad es que, aunque es cierto que son difíciles de digerir, el riesgo de tener una obstrucción intestinal por deglutirlos es sumamente bajo. Yo creo que el decirle al niño que no se lo vaya a tragar porque se le va a pegar en la panza es simplemente una manera de asustarlo para que no esté comiendo tantos chicles, similar a cómo los espantamos diciéndoles que si se meten al agua después de comer se van a ahogar.

Habiendo dicho esto, y como todo en la vida, nada con exceso. Los chicles se pueden dar a niños que pueden masticarlos, sin tragarlos, de preferencia en una cantidad limitada, y sin azúcar.

El Dr. Giordano Pérez Gaxiola es pediatra. Dirige el Centro Colaborador Cochrane del Hospital Pediátrico de Sinaloa y consulta en Pediátrica. La opinión expresada en este artículo es personal y no necesariamente refleja los puntos de vista de las instituciones en las que labora.