Los niños ante el divorcio de los padres

Es indudable que cada vez más frecuente, nos encontramos con pacientes en donde la estabilidad familiar se ve afectada por el divorcio de los padres. Nuestro papel como pediatras es tratar que mantener y fomentar la salud del individuo en crecimiento y su entorno y es precisamente esta situación de divorcio, una de las situaciones que más está afectando a nuestros niños en la actualidad.

Cuando detectamos alteraciones en la dinámica familiar, aconsejamos a los padres a acudir a terapia de pareja, pero es una realidad que los niños se ven más afectados cuando están en una familia donde los padres se están peleando frecuentemente que cuando la pareja ha decidido vivir por separado y conviven con sus hijos en forma individual pero profunda. Y muchas veces vemos que curiosamente, cuando están separados los padres, conviven más frecuente con sus hijos que cuando vivían «juntos».

Nuestro papel como pediatras es proteger a niño del daño máximo que esta situación puede causar: En primer lugar aconsejar a los padres de que no utilicen a sus hijos como “escudo” o como “arma” para causar daño a la ex – pareja pues esto a quien más daño le produce es al propio niño. Por lo tanto, el padre y la madre deberán afirmarle con palabras y con hechos todo lo que los quieren aunque ellos hayan decidido vivir por separado. La madre debe decirle que su padre lo quiere mucho, tanto como ella lo quiere y el padre debe hacer lo mismo.

En segundo lugar, debe de decírsele a los padres que no discutan delante de sus hijos. Todas las diferencias, deben ser discutidas fuera del lugar donde se encuentran los niños pues los gritos, alegatos y sobretodo los insultos que se llegan a hacer entre sí los padres, dañan importantemente la autoestima y la seguridad de nuestros pacientes, de tal forma que se manifiesta en su conducta durante toda su vida.

En tercer lugar, aunque aparentemente no se noten alteraciones en la conducta de algunos niños o pensemos que por su edad “no se dan cuenta”, deben recibir una evaluación psicológica para que en caso de detectarse algún problema derivado de esta situación, se inicien de inmediato con las conductas para remediarlo ya que de no hacerse así, los trastornos de conducta se harán más profundos con el paso del tiempo y por lo tanto de mayores consecuencias.

Definitivamente lo ideal es que nuestros pacientes vivan dentro de una dinámica familiar en donde los padres tengan un objetivo común para sus hijos, en donde figuren tanto el papel de madre como de padre (y no uno dominante) y además donde exista una buena comunicación entre los padres y de los padres a sus hijos, dando a cada uno su papel individual tomando en cuenta su género y su lugar en la constelación familiar, esto es, saber individualizar a cada hijo tomando en cuenta si es el mayor, el menor o el del “medio”. Para esto se requiere de madurez, prudencia, paciencia y mucho amor.

Escrito por Dr. Roberto Zazueta Tena. 2 de marzo, 2010