Mi hijo no se deja limpiar los oídos

Frecuentemente, cuando estoy a punto de revisarle los oídos a un niño, me comenta la mamá: “los ha de traer muy sucios porque no se los deja limpiar”. La frase es entendible, pero la pregunta más importante es, ¿se deben limpiar?

Aunque la cera del canal auditivo, o ‘cerilla’, puede ser desagradable a la vista o al olfato de muchos, ésta tiene su función. No es un adorno ni una ocurrencia del cuerpo. Sirve para lubricar el conducto y protegerlo un poco contra infecciones. Sabiendo esto podemos comprender que obsesionarse con quitarla tal vez no sea tan buena idea.

Este mes se publicó en la revista Journal of Pediatrics un análisis de lesiones del oído producidas por los famosos cotonetes de algodón. Es un estudio que abarca dos décadas e incluye más de 250,000 pacientes tratados. Aunque son 20 años de estudio, me sorprendió la cantidad de accidentes reportados. Las circunstancias en las que ocurren son esperadas: más del 70% pasó cuando se estaban limpiando los oídos, más del 75% se las causó la propia persona, y casi el 10% fue al estar jugando. El 2% sucedió porque otra persona les empujó el cotonete. Finalmente, el grupo de edad con mayor tasa de lesiones fue el de los niños de 0 a 3 años. Más del 30% de estos pequeños, en particular, acudieron a urgencias con una perforación del tímpano.

Si los cotones pueden ocasionar daño, ¿vale la pena su uso?

La Academia Americana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello responde que no. Al contrario, su uso empuja la cerilla más adentro del canal y luego provoca taponamientos. Sólo hay dos situaciones en las que dicha Academia recomienda que se “limpien las orejas”:  cuando la producción y la acumulación de cerilla es tal que produce síntomas, o cuando le impide al médico evaluar el conducto y el tímpano.

Entonces, si el niño no se deja limpiar los oídos con cotonetes, ¡qué bueno! En la mayoría de los casos no es necesario, y si hay síntomas es mejor acudir a su doctor.