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Si tiene mocos, ¿se puede vacunar?

¿Cuántas veces les ha pasado? Después de hacer malabares para poder ir a la clínica o al centro de salud para vacunar a tu bebé, y después de esperar más de lo que creías, finalmente es tu turno y resulta que no quieren vacunar al niño porque tiene mocos. Frustrante, ¿verdad?

¿Son los mocos una contraindicación para poner las vacunas? En realidad no, pero es una precaución.

Las contraindicaciones son situaciones en las que la persona tiene un riesgo más alto de presentar una reacción adversa grave al ponerle una vacuna. Estas condiciones son variadas, dependen de cada persona y también del tipo de vacuna. Por ejemplo, un niño con una inmunodeficiencia grave (en la que sus “defensas” no funcionan bien) no debe recibir una vacuna hecha con un virus atenuado, como la triple viral que se pone al año.

Las precauciones, en cambio, son situaciones en las que podría haber una confusión para hacer un diagnóstico, o en las que podría comprometerse la capacidad del cuerpo para producir anticuerpos.

Si un niño comenzó con mocos, y lo vacunan y presenta fiebre, ¿cuál es la causa? ¿Tiene calentura porque tiene una infección respiratoria o sólo es un efecto leve de la vacuna?

El dilema se complica con los niños de guardería que tienen moco eterno. En ellos, si quisiéramos esperar a que se libren al 100% de los mocos, todas sus vacunas se retrasarían.

Entonces, ¿cuál es el mensaje? Debemos mantener una buena comunicación con el equipo de salud. El médico puede verificar si el moco que tiene un niño que acude a guardería es debido a un proceso agudo en el cual es mejor esperar un tiempo antes de vacunar. Si se trata de algo alérgico o es lo que queda de un cuadro que ya se está resolviendo, se puede dar luz verde para su aplicación.

Y debe quedar claro que las contraindicaciones y las precauciones pueden ser temporales. Si no se puede hoy, tal vez se pueda mañana (o meses o años después).

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Mitos y realidades

No, la vacuna del sarampión no causa autismo

El día de ayer 14 de mayo, hace 221 años, el Dr. Edward Jenner aplicó la primera vacuna para proteger a un niño contra la viruela. Esta enfermedad, diferente a la varicela, tenía una mortalidad mayor al 30% y gracias a la vacuna se declaró erradicada de la faz de la Tierra en 1980. Así como pasó con la viruela, hoy en día ya no vemos pacientes con tétanos, con difteria o con sarampión. Pero este último padecimiento ha tenido un resurgimiento terrible en la última década debido a un mito que parece perpetuarse.

En estos momentos, en Estados Unidos, específicamente en Minnesota, están lidiando con la peor epidemia de sarampión desde hace más de 30 años, debido a que una comunidad de inmigrantes proveniente de Somalia fue convencida de que la vacuna causa autismo. En Rumania llevan más de 3000 casos con 17 muertes desde el año pasado.

Me frustra tener que seguir escribiendo sobre lo mismo pero en vista de lo que ocurre en otros países, y en vista de que en nuestra ciudad existe un rechazo considerable a la vacunación en algunos sectores, y en vista de que he oído que algunas instituciones privadas, civiles o religiosas recomiendan –sin tener ninguna evidencia científica – que les retrasen las vacunas a los niños, aquí va de nuevo la historia:

Una serie de 12 casos fue publicada en The Lancet en 1998. En ella se reportaba una supuesta asociación entre la vacuna triple viral (la cual contiene la vacuna del sarampión) y un “nuevo síndrome” de autismo y enfermedad gastrointestinal. Dicho artículo fue retractado por un desvergonzado fraude del autor y ahora ex-médico Andrew Wakefield. Desde entonces, se han realizado al menos 17 estudios, en siete países distintos, con cientos de miles de niños, e incluso valorando a pacientes con un riesgo mayor de autismo, y en todos se llega a la misma conclusión: la vacuna del sarampión no causa autismo.

El sarampión es una enfermedad particularmente contagiosa. En epidemiología existe un índice llamado R0 que indica cuántas personas, en teoría, pueden infectarse a partir de un paciente. Para darnos una idea de la magnitud, el ébola tiene un R0 de 2, es decir, una persona con ébola (una enfermedad que se transmite por contacto con fluidos corporales) contagia alrededor de 2 personas. Un paciente con influenza puede contagiar a 2-3 personas. Uno con VIH a 4. En cambio, alguien con sarampión (una infección que se transmite por aire) puede contagiar alrededor de 18 personas susceptibles. Y lo peor de todo es que es potencialmente mortal y tenemos una vacuna efectiva y segura que la previene.

En México no tenemos ningún caso local de sarampión desde hace más de 10 años. Tuvimos una niña que se contagió en Disneylandia hace dos años, pero gracias a la buena cobertura de vacunación no se dispersó la enfermedad. Sin embargo, si seguimos creyéndole al Dr. Facebook será cuestión de tiempo para que nos afecte como a otros países. No dejemos que eso pase. Así que repitan conmigo: No, la vacuna del sarampión no causa autismo.

El Dr. Giordano Pérez Gaxiola es pediatra. Dirige el Centro Colaborador Cochrane del Hospital Pediátrico de Sinaloa y consulta en Pediátrica. La opinión expresada en este artículo es personal y no necesariamente refleja los puntos de vista de las instituciones en las que labora.

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¿Necesito vacuna si voy a Disneylandia?

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Para estas alturas tal vez la mayoría ya esté familiarizada con el brote que hubo en el «lugar más feliz del mundo», Disneylandia, en Anaheim, California. En las últimas semanas se reportaron 59 casos de sarampión contagiados en dicho parque de diversiones. El sarampión no es una enfermedad tan benigna como un simple resfriado. Es uno de los virus más contagiosos que existen y puede tener complicaciones tanto respiratorias como neurológicas. Lo más triste de estas noticias es que es una enfermedad prevenible con una vacuna y ciertas áreas de California tienen porcentajes de vacunación más bajos que algunos países africanos con bajísimos recursos. Todo por hacerle caso a conejitas playboy y no a sus médicos.

Cuando se revisó a las 59 personas enfermas, consiguieron los antecedentes de vacunación de 34 de ellas. De las 34, 28 personas no tenían vacuna del sarampión, y 1 no tenía el esquema completo.

Si tienes un viaje próximo a un lugar donde hay sarampión, éstas son las recomendaciones:

  • La vacuna del sarampión se pone como parte de la vacuna triple viral al año de vida. El refuerzo se pone entre los 4 y 6 años, pero incluso puede ponerse antes. También, la vacuna se puede poner a partir de los 9 meses dependiendo el viaje y las circunstancias del destino. Si tu hijo tiene ya dos dosis de la vacuna, no necesita otro refuerzo para ir a Disney.
  • Adolescentes y adultos que tienen dos dosis de la vacuna no necesitan un refuerzo. Pero es importante mencionar que la segunda dosis de la vacuna se empezó a poner hace aproximadamente 20 años, así que muchos adultos tienen una sola dosis.
  • Los adultos nacidos antes de 1956 no necesitan vacuna. Por haber nacido en aquellas épocas probablemente ya les dio y ya la libraron.
  • Las mujeres embarazadas no deben recibir la vacuna.

Si deseas más información puedes visitar este enlace. Pero si tienes un viaje próximo, consulta tus dudas con tu pediatra.

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Cómo combatir infecciones en escuelas

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Los niños prueban, exploran, tocan, degustan para aprender. Juegan con los mocos y hacen burbujas de baba. Esto los hace susceptibles a adquirir infecciones. ¿Cómo se transmiten estas enfermedades? ¿Qué podemos hacer como padres para reducir contagios? ¿Qué pueden hacer las guarderías y las escuelas para tratar de evitar epidemias?

La siguiente presentación, impartida en el Centro Educativo Via Reggio, aborda estas preguntas.

La realidad es que no podemos evitar contagios en las escuelas. Enfermarse es parte de crecer. Pero sí hay cosas que podemos hacer para que sean las menos infecciones posibles, por ejemplo el lavado de manos frecuente y la vacunación de los niños. Y también podemos ayudar a la escuela a que sean los menos contagios posibles

Cómo combatir infecciones en escuelas from GIORDANO PEREZ-GAXIOLA

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Vacunarse vs influenza es responsabilidad de todos

 A raíz de los brotes epidémicos de infección por el virus de la influenza, en diversas partes del mundo y en nuestro país, sabemos que es una de las infecciones de vías respiratorias más frecuentes, y que incrementan su incidencia en los meses fríos con graves consecuencias, sobre todo en las edades extremas como son los niños y los ancianos.

Es usual que circulen cada año cepas diferentes del virus, los cuales pueden desencadenar un problema de salud pública con casos graves y alta mortalidad, sobre todo si estos virus infectan a diversas especies animales que, aunque sean específicas, pueden mutar y diseminarse al hombre convirtiéndose en cepas altamente virulentas.

 Seguir leyendo en Primum non pecuniam.
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Vacunas, ¿valen la pena?

Es curioso cómo una de las mejores estrategias de prevención de enfermedades, la vacunación, siempre ha estado rodeada de miedos, los cuales surgen de mitos y de información incorrecta.

En la caricatura se muestra a Jenner, el médico que descubrió la vacuna para la viruela (que no es lo mismo que varicela), inoculando pacientes. Los pacientes, atemorizados, observan cómo les empiezan a salir protuberancias en forma de vaca.

Las consecuencias de no vacunar las hemos discutido un par de veces (1, 2). Por eso es preocupante ver a familias que toman este tipo de decisiones.

La siguiente presentación aborda 3 puntos:

¿Qué son las vacunas?
¿Qué enfermedades previenen y si vale la pena prevenirlas?
¿Qué riesgos existen, incluyendo la refutada asociación con el autismo?

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Mitos y realidades Prevención

Es alérgico al huevo. ¿Se puede vacunar contra el sarampión?

Para entender este concepto debemos precisar que una alergia al huevo usualmente se presenta con hinchazón de párpados o manos, urticaria, o síntomas gastrointestinales. La mayoría de las reacciones son leves, sin manifestaciones cardiorrespiratorias. Cuando son severas pueden manifestarse con disfonía y estridor o tos, silbidos y dificultad para respirar.

Que el niño rechace comer el huevo o que no sea de su preferencia, tampoco significa necesariamente que sea alérgico al mismo.

La alergia al huevo no es tan común en la infancia su prevalencia  varía entre 1-2 %, con una edad promedio de 2.5 años. Aumenta el riesgo en historia familiar de alergia a alimentos, aunque no precisamente al huevo.

Debe preguntarse también si no ha ocurrido algún efecto adverso con otra vacuna aplicada anteriormente. Reacciones severas previas pueden predecir reacciones futuras, aunque se ven más en los constituyentes de las vacunas como gelatina o neomicina.

¿Qué hay que hacer?

Tomar en cuenta la historia familiar de alergia a alimentos. Diferenciar entre intolerancia (reacción no inmunológica) y alergia (hipersensibilidad mediada por inmunoglobulina E, en la mayoría de los casos). Explicarle a la mamá que, aún con pequeñas cantidades de huevo o productos que contengan huevo puede ocurrir la reacción, pero ésta es leve la mayoría de las veces. Puntualizar que el hacer una prueba de alergia no ayuda mucho porque puede dar resultados falsos. Si el niño ha probado alimentos que contengan huevo y son bien tolerados no puede hablarse de alergia.

Debe explicarse que la rubéola, el sarampión y las paperas son enfermedades, la mayoría de las veces leves, pero ponen al niño en riesgo de complicaciones severas, sobre todo el sarampión.

Hacer ver que el riesgo de reacción por aplicar la vacuna es muy bajo aún cuando se tenga fuertemente la sospecha de alergia al huevo, y esto lo avala The British Society for Allergy and Clinical Immunology and the National Institute of Allergy and Infectious Diseases .

La única contraindicación para no poner la vacuna sería en un niño severamente inmunocomprometido. Y sólo cuando haya antecedente de reacciones severas en vacunas anteriores debería aplicarse en hospital bajo vigilancia.

Para leer más…

www.nhs.uk/Conditions/MMR/Pages/Introduction.aspx
Rolfe A. Shelkh A. Measles, mumps, and rubella vaccination in a child with suspected egg allergy. BMJ 2011; 343:d4536