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Niño sano Noticias

¿Qué tanto sirven los videos para estimular a los niños?

Recientemente se publicó la siguiente nota en medios electrónicos y prensa escrita de los EU: (extractado) “Walt Disney Company ofrece en Estados Unidos reembolsos a los padres por todos los videos “Baby Einstein” que no consiguieron que sus hijos se transformaran en genios”. Pueden haber sido grandes niñeras electrónicas, pero los nada habituales reembolsos parecen ser una admisión tácita de que no mejoraron el intelecto de los chicos. “Lo consideramos un reconocimiento por parte de la compañía más importante de videos para bebés de que los mismos no son educativos. Esperamos que otras compañías sigan sus pasos”, dice Susan Linn, la directora de Campaign for a Commercial-Free Childhood, que impulsa el tema desde hace años.

A pesar de que a muchos bebés les encantan los videos, la Academia de Pediatría de los Estados Unidos recomienda que los chicos menores de dos años no vean videos ni televisión. Todo el marketing de ‘Baby Einstein’ de la Walt Disney Company se basa en afirmaciones explícitas e implícitas de que los videos son “educativos y beneficiosos para el desarrollo en la temprana infancia”, aunque tales declaraciones puedan ser “falsas porque la investigación demuestra que ver televisión a esa edad puede ser nocivo.” Lo que nos debe quedar claro como padres y pediatras es que no todo lo que contiene la publicidad es necesariamente cierto. Cada niño tiene un potencial intelectual y emocional propios que debemos descubrir y ayudar es su construcción y fortalecimiento, basándonos en la mejor información disponible y orientados siempre por nuestro amor.

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Mitos y realidades

El mito del azúcar: ¿realmente causa hiperactividad en los niños?

Mientras el niño gusta de dulces y chocolates a cualquier hora del día, muchos padres se aterrorizan de que los coman, sobre todo en horas cercanas al tiempo de ir a la cama. Sin embargo, independiente a lo que los padres crean, el azúcar en cualquier presentación no es el culpable de que el comportamiento del niño se salga de control. Por lo menos 12 estudios clínicos han examinado la respuesta del niño a la administración de dietas con diferentes niveles de azúcar. Ninguno de ellos, aún aquellos enfocados específicamente en niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), lograron detectar diferencia alguna en el comportamiento entre los niños que recibieron dietas con azúcar y aquellos en que no fue así. Se incluyeron dulces, chocolates y otras fuentes naturales de azúcar. Aún en estudios realizados en niños considerados ·sensibles” al azúcar no se encontraron diferencias entre los que lo comieron y los que no.

También se ha estudiado la reacción que tienen los padres al mito del azúcar. Cuando los padres piensan que sus niños habían recibido bebidas conteniendo azúcar (aún y cuando esto no fuera cierto), ellos calificaban el comportamiento del niño como más hiperactivo.

Podemos decir entonces que la diferencia en el comportamiento de nuestros niños al comer dulces o chocolates, se encuentra sólo en la mente de los padres.

BMJ 2008;337:a2769

Escrito por Dr. José Antonio Quibrera Matienzo. 17 enero, 2009.

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Enfermedades

Cuidemos el corazón de nuestros niños. Parte IV: hipertensión

Entre un 2% y un 5% de los niños presentan hipertensión crónica. Este trastorno puede ser secundario a una enfermedad renal o endócrina. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se conoce una causa identificable. Además, para establecer un diagnóstico de hipertensión en el niño se debe tomar las cifras de la tensión arterial en relación con la edad, el peso y la estatura. Así, se considerará que un pequeño tiene hipertensión cuando los valores estén por encima del percentil 95 para su edad, talla y peso, es decir, que su tensión es superior a la del 95% de los niños con sus mismas características. Además, el diagnóstico se obtendrá sólo cuando se haya tomado ese valor en tres ocasiones diferentes.

El objetivo a alcanzar en un niño con este problema es la normotensión y no sólo el descenso de la presión arterial. Su tratamiento es multidisciplinario, ya que el riesgo de presentarla suele estar acompañado con otros factores como el sobre-peso, la vida sedentaria y otros hábitos de estilo de vida no saludables. De forma que deben modificarse inicialmente los factores asociados, antes de considerar la administración de algun medicamento como elemento de acción directa sobre la presión arterial. Así, el ejercicio físico aumenta el consumo calórico y reduce el peso; pero además, aumenta el riego muscular y por si mismo puede bajar la cifra tensional en 10 mmHg.

El ejercicio debe ser de carácter isotónico, aeróbico (natación, atletismo, tenis, futbol) y en ningún caso isométrico, de sobrecarga o tensión, mediante poleas, pesas y máquinas de sobrecarga, que no deben usarse antes de la conclusión del crecimiento. La reducción de peso contribuye igualmente a la reducción de la presión. La disminución de la sal en la dieta, si bien controversial, aun constituye una recomendación útil para la población general como medida preventiva de hipertensión y ateroesclerosis.

Actualmente se establece que la presión arterial debe determinarse en todo niño mayor de 3 años cuando menos una vez al año.

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Enfermedades

Cuidemos el corazón de nuestros niños. Parte III: obesidad

La obesidad se define como un incremento del peso corporal a expensas del aumento del tejido adiposo.

Dentro de los factores de riesgo cardiovascular (FRCV) la obesidad es el más frecuente y probablemente el mas importante. La mejoría del nivel de vida ha traido como consecuencia una mayor disponibilidad de nutrientes acompañado de una disminución en la actividad física diaria (sedentarismo, televisión, videojuegos, computadora). La publicidad incita al excesivo aporte de alimentos en la infancia y se continúa en la adolescencia, teniendo mucha importancia la comida “chatarra”, adoptada por muchos niños ante la mirada complaciente y cómoda de los padres. Se ha demostrado que la obesidad en la infancia y sobre todo en la adolescencia, se asocia con obesidad en edad adulta, con todas sus consecuencias negativas.

En el desarrollo de la obesidad intervienen factores genéticos, metabólicos, hormonales y ambientales, siendo estos últimos los que podemos modular, modificando nuestros hábitos de vida, evitando el sedentarismo, practicando ejercicio y cuidando una alimentación equilibrada.

El riesgo de tener hijos obesos es de un 14 % cuando los progenitores tienen un peso normal; si uno de ellos es obeso, el riesgo aumenta a un 40% y con ambos llega al 80%. Para la detección de obesidad hay que medir la grasa corporal, para lo cual se dispone de métodos directos que so poco prácticos, e indicadores indirectos, tales como la relación Peso/Talla y el Indice de Masa Corporal (IMC) o índice de Quetelet, este último ampliamente validado para su uso clínico diario. Se obtiene dividiendo el peso corporal en Kg entre la talla en metros al cuadrado (IMC = Peso (Kg) / Talla (m) al cuadrado). Para su interpretación debe tomarse en cuenta la edad y el sexo, por lo que la consejería del médico pediatra es indispensable.

Si llevamos el control pediátrico programado de nuestros hijos, podremos verificar con regularidad su crecimiento, previniendo que esta enfermedad los afecte. Mas adelante hablaremos de otro factor de riesgo cardiovascular que es la hipertensión.

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Enfermedades

Cuidemos el corazón de nuestros niños. Parte II: colesterol

Las medidas preventivas para cuidar que nuestros hijos desarrollen alguna enfermedad del corazón incluyen la detección de los llamados FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR (FRCV). En Pediatría, los principales FRCV a considerar son:

1. Hipercolesterolemia (o aumento del colesterol y sus fracciones en sangre)

2. Obesidad

3. Hipertensión arterial (HTA)

4. el tabaquismo.

Cuando alguna de estas variables están presentes en un niño, existen más posibilidades de presentar un problema cardiovascular a edades futuras; como hemos mencionado, el pediatra se convierte en el “cardiólogo preventivo” al estar pendiente de la salud de su hijo. Pero, ¿cuándo y cómo puedo saber si mi hijo presenta algun factor de riesgo?. Revisemos brevemente las medidas de detección a efectuar:

Hipercolesterolemia: El colesterol y sus fracciones de baja y alta densidad juegan un papel importante en el desarrollo de enfermedad cardiovascular. Podemos decir que el colesterol de baja densidad o LDL (por su nombre en inglés Low Density Lipoprotein) causa daño al depositarse en la pared de los vasos que llevan la sangre en el cuerpo, causando inflamación y obstrucción, mientras que el colesterol de alta densidad o HDL (High Density Lipoprotein) nos protege de este fenómeno.

Las cifras de colesterol y sus fracciones en sangre dependen de la dieta y de factores genéticos (heredados de los padres y abuelos); por ello la importancia si en la HISTORIA FAMILIAR se conociera que los padres, abuelos o tíos del niño presentaron enfermedad cardiovascular a temprana edad, es decir, si enfermaron antes de los 55 años siendo hombres o antes de los 65 para las mujeres. Si la historia familiar es POSITIVA a esta consideración en el niño mayor de 2 años, es necesario determinar el colesterol y sus fracciones en sangre y así saber si este factor está presente.

También debe medirse si el niño tiene obesidad, o hay antecedentes familiares de enfermedades hereditarias del metabolismo de las grasas (dislipidemias). Los valores normales (mg/dL) a considerar son los siguientes:

Colesterol LDL HDL Triglicéridos
Normal <170 <110 >65
Limítrofe (dudoso) 171-199 111-129
Anormal >200 >130 <35 >150

Posteriormente abordaremos la detección de obesidad, hipertensión y tabaquismo.

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Enfermedades

Cuidemos el corazón de nuestros niños. Parte I: riesgos

Las enfermedad cardiovascular (infarto al miocardio) es la principal causa de muerte en países occidentales. Es bien conocido y se ha demostrado que la hipertensión, la vida sedentaria, la obesidad y el tabaquismo son factores de riesgo para desarrollar este problema.

En el cuidado de salud del niño sano, el pediatra lleva un control del crecimiento y desarrollo en cada visita. Preguntamos siempre sobre la alimentación y los hábitos de ejercicio del niño y de la familia. Si logramos que nuestros hijos aprendan que comer y se aficionen a la práctica del deporte de su elección, estaremos previniendo la enfermedad cardiovascular temprana. Así, el pediatra se convierte en el “cardiólogo preventivo” dentro de su práctica diaria.

La Academia Americana del Corazón (AHA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) proponen las siguientes recomendaciones para la promoción de la salud cardiovascular para TODO niño y adolescente:

  • Revisar la dieta en cada visita médica.
  • Lograr el balance energético entre lo que se come y se gasta a diario para un crecimiento y desarrollo normales.
  • Mantener el peso adecuado.
  • Promover consumo de frutas, vegetales, pescado, cereales y carne magra.
  • El consumo de grasa es libre en los menores de 2 años porque es imprescindible para su crecimiento.. Después de esa edad debe limitarse la grasa saturada a menos del 10% de la ingesta calórica diaria, el colesterol en menos de 300 mg al día y evitar las grasas trans (hamburguesas, pizza, comida chatarra en general).
  • Reducir consumo de sal a menos de 6 g al día.
  • Limitar el consumo de azúcar.

Después hablaremos de cómo detectar los factores de riesgo en nuestros hijos.

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Niño sano

¿Está mi hijo preparado para practicar algún deporte?

Todo padre siente satisfacción y orgulllo cuando su hij@ manifiesta interés por participar en alguna actividad física o deportiva organizada. Es común escuchar como las madres de familia dedican gran parte de la tarde de varios días de la semana a llevar y recoger a los hij@s al entrenamiento de futbol, natación, ballet, jazz, etc, e incluso ironizan que actúan sólo de “choferes” recorriendo la ciudad.

Los beneficios de la actividad deportiva son indudables: mejora las funciones pulmonar y cardiovascular del organismo, promueve el desarrollo muscular, disminuye los riesgos de ateroesclerosis y es parte fundamental en la prevención de la obesidad. Además promueve la socialización y, bien dirigido, mejora la autoestima y la participación en trabajo de equipo.

Sin embargo, existen algunos niños y adolescentes en los que la actividad física puede ser de riesgo para su salud, al estar afectados por enfermedades cardíacas o pulmonares, por fortuna poco frecuentes, y que pueden haber pasado inadvertidas al tener un comportamiento clínico “silencioso”, es decir, que no se han manifestado aún.

Preocupados por esta situación, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) y la Sociedad Europea de Cardiología, recomiendan efectuar una evaluación médica previa al inicio de la práctica deportiva elegida, que pueden resumirse en:

  • El análisis cuidadoso de los antecedentes familiares (ej. muerte súbita de relativos cercanos o fallecimientos en menores de 50 años), de la historia clínica personal y el examen físico dirigido a identificar enfermedades cardiovasculares de riesgo (ej. hipertensión, asma, cardiopatía)
  • La identificación de soplos cardíacos sugestivos de alteraciones en la función del músculo cardíaco
  • Historia personal de síncope (perdida del alerta), dolor torácico o sensación de malestar durante o después de hacer ejercicio

Si nuestro hij@ presenta alguna de estas condiciones, se haría necesaria la evaluación por el especialista, quien pudiera efectuiar estudios como el electro o ecocardiograma, prueba de esfuerzo o monitorizar la presión arterial, de ser necesario para cada caso.

Si tomamos en cuenta estas recomendaciones, podremos disfrutar de la actividad física que realicemos con nuestros hijos y estaremos cuidando su salud de manera efectiva.