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Enfermedades Prevención

Muerte de cuna

El síndrome de muerte súbita infantil (SMSI) es una de las causas más frecuentes de muerte en niños sanos. La llamada «muerte de cuna» es un padecimiento que aún no se endiende por completo, a pesar de los avances de la ciencia.

Se define como SMSI a la muerte súbita de un niño menor a 1 año, la cual no puede explicarse mediante ningún estudio, incluyéndose una autopsia completa, la historia clínica y la investigación del escenario del fallecimiento.

Se conocen ciertos factores que pueden aumentar o disminuir la probabilidad de que un niño pueda sufrir este destino. En base a estos factores podemos tomar medidas de prevención.

Factores que aumentan el riesgo del SMSI

  • Dormir en la misma cama de los padres Y que uno de ellos fumen: 14x
  • Prematurez (nacer antes de las 37 semanas de gestación): 12x
  • Dormir en una cama con colchón muy blando: 5x
  • Dormir boca abajo (en comparación a boca arriba): 5x
  • Dormir en la misma cama de los padres, sin que alguno fume: 2x
  • Tabaquismo durante el embarazo: 2x
  • Tabaquismo pasivo en casa: 1.6x
  • Dormir de lado (en comparación a boca arriba): 1.4x

Factores que reducen el riesgo del SMSI

  • Esquema de vacunación completo: -2x
  • Uso de chupón: -3x

(Los números con la «x» al lado se refieren a cuántas veces se aumenta o disminuye el riesgo, de manera aproximada. Fuente: Am Fam Physician. 2009;79(10):870-874)

Para saber más, los invitamos a visitar 2 sitios: Academia Americana de Pediatría, Vida Boca Arriba.

Escrito por Dr. Giordano Pérez Gaxiola. 10 junio, 2009. Actualizado 30 agosto, 2010.

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Enfermedades

De la vacuna del rotavirus

Antes de que los rumores y la desinformación comiencen a hacer estragos, vamos aclarando las cosas acerca de la noticia reciente de la vacuna del rotavirus.

Se descubrió en marzo que la vacuna contra el rotavirus del laboratorio Glaxo, Rotarix (la cual es la que se aplica en el sector salud de nuestro país), contenía DNA de un virus porcino. Y la semana pasada se anunció que la otra vacuna, llamada Rotateq, del laboratorio Merck, también contenía información genética del mismo virus y de otro relacionado.

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Remedio casero para la tos


La tos… la molesta tos…

Es desesperante tanto para el niño como para los papás escuchar una tos frecuente, incesante, incontrolable. Aún cuando se trata de una cosa tan sencilla como un resfriado común, la tos puede ser un síntoma muy molesto. Y por supuesto, todos queremos un remedio eficaz que la quite, o al menos que la disminuya.

Lo malo es que por más que avanza la ciencia no se ha podido comprobar la utilidad de la mayoría de los jarabes para niños que tenemos a nuestra disposición. Es frustrante.

Un estudio que vale la pena compartir es el realizado por Paul IA y colaboradores. Los autores les dieron dextrometorfano (un componente muy frecuente en los jarabes para la tos) a un grupo de niños con tos secundaria a una infección respiratoria alta (como el resfriado común); a un segundo grupo les dieron miel; y a un tercero no les dieron nada. Al final del estudio notaron que la miel era tan eficaz, y tal vez mejor, que el dextrometorfano para disminuir las molestias de la tos.

Así que al parecer lo que nos daban nuestras abuelas y mamás era lo mejor: la miel.

Es importante a considerar que la tos puede tener muy variadas causas y por lo general al tratar dicha causa la tos va cediendo paulatinamente. La tos es un síntoma, no una enfermedad. Es vital que el pediatra diagnostique la causa de la tos.

Y finalmente, la miel no debe darse en niños menores de 1 año debido al riesgo de botulismo.



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La bronquiolitis

Es una infección provocada por virus, la mayoría de las veces, y que afecta principalmente a los bronquiolos, estructuras delgadas que continúan el trayecto de los bronquios hacia el interior de los pulmones.

El virus que más frecuentemente causa esta enfermedad es el virus sincitial respiratorio (VSR), extremadamente contagioso y que se transmite de un individuo a otro directamente a través de las gotas de saliva expulsadas por la tos o indirectamente por manos u objetos contaminados en los que puede sobrevivir varias horas.

Se presenta con mayor frecuencia en los menores de un año y tiene un comportamiento estacional, sobre todo en invierno.

Un lactante que inicia con signos gripales (lagrimeo, mucosidad, tos), seguido de un cuadro de dificultad respiratoria de progresión rápida puede hacernos pensar en esta enfermedad. Cuanto más pequeño el niño más posibilidades de presentar la forma grave, por lo que se recomienda siempre la valoración del Pediatra.

Es posible que con el manejo de las flemas y la instilación de suero fisiológico en la nariz pueda ser suficiente para que el niño mejore, sin embargo, hay ocasiones en que la dificultad respiratoria se vuelve severa y puede requerir oxígeno e incluso hospitalización para vigilancia estrecha.

Los lactantes con mayor riesgo son: los menores de 3 meses, los que hayan sido prematuros, los que tengan una malformación cardiaca o pulmonar, los que padecen de bajas defensas y el tabaquismo, sobre todo de la madre, pueden desencadenar las formas más graves.

Siendo una enfermedad predominantemente viral y el no disponer de vacuna específica nos obliga a extremar precauciones, sobre todo en los brotes epidémicos de invierno. El lavados de manos antes de tocar al niño, el no besarlo en la cara, el no frecuentar lugares con mucha gente, el mantener aireado su cuarto, el no fumar en su presencia y mantener la nariz destapada todo el tiempo son las mejores acciones preventivas para esta enfermedad tan frecuente en los lactantes.

Para mayor información consulte siempre a su Pediatra.

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Enfermedades Mitos y realidades

La vacuna de la gripe no da gripe

Existe una creencia popular de que la vacuna de la influenza da gripe. De hecho, es una de las justificaciones de porqué no se la pone mucha gente. Vamos a tratar de aclarar algunas dudas.

Hay 2 tipos de vacunas para la influenza estacional: una inyectada y una inhalada. La inyectada es una vacuna inactivada que contiene virus muertos y se aplica a partir de los 6 meses de edad. En cambio, la inhalada (de aplicación menos frecuente en México) es una vacuna hecha con virus vivos atenuados («debilitados») que se usa en personas sanas, no embarazadas, entre los 2 y los 49 años de edad.

Sabiendo las características de cada vacuna es fácil entender las reacciones que pudieran tener. La vacuna inyectada, al estar hecha de virus muertos, NO puede producir gripe. Sus reacciones más frecuentes son similares a las de otras vacunas: dolor o enrojecimiento en el sitio de aplicación, fiebre baja. En cambio la inhalada, al contener virus atenuados sí podría tener reacciones como escurrimiento nasal, dolor de cabeza, tos y fiebre.

Entonces, si ya conocemos que la vacuna inyectada (la cual ya se encuentra disponible) no da gripe, ya no tenemos justificación para no ponérnosla. Más vale prevenir…

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Enfermedades Noticias

¿Sirve el tratamiento para la influenza en niños?

Hoy apareció publicada en el periódico británico The Guardian una noticia cuyo título puede malinterpretarse:

Don’t give Tamiflu or Relenza to under-12s, warn researchers
(No des Tamiflu o Relenza a niños menores de 12 años, advierten investigadores)

Dicha nota hace mención a una investigación recién publicada en una revista médica de gran prestigio, el BMJ.

El título de la noticia puede confundir. Si no se tiene en cuenta toda la información se podría pensar que no se deberían de dar esos medicamentos a los niños que presenten la nueva influenza A(H1N1). Sin embargo, todo esto debe de analizarse dentro de su contexto.

El oseltamivir, cuyo nombre comercial es el ya famoso Tamiflu, es un medicamento que se ha utilizado para tratar los síntomas de la influenza estacional (la que todos conocíamos) desde hace varios años. Con la venida de la influenza pandémica, se ha recomendado el uso de este medicamento en los pacientes que tengan una sospecha alta o una enfermedad confirmada por laboratorio. Las bases de esta recomendación han sido estudios hechos anteriormente, donde se comparan pacientes con influenza que reciben oseltamivir contra pacientes con influenza que reciben un placebo. Los resultados de esos estudios, y los conocimientos que existen actualmente acerca del nuevo virus, hacen suponer que dicho medicamento podría proveer un beneficio en el tratamiento de la influenza A(H1N1).

La investigación publicada en el BMJ explica qué es lo que sabemos hasta este momento en cuanto a la utilidad del tratamiento con oseltamivir (o con la competencia, el zanamivir) en el tratamiento de niños que acuden a consulta (no niños hospitalizados) con influenza estacional:

1. El tratamiento disminuye los síntomas por 0.5 a 1.5 días. Es decir, si la enfermedad me iba a durar 5 días, con el tratamiento tal vez me dure 3.5 o 4 días.

2. El tratamiento podría causar vómito a uno de cada 20 niños que lo tomen. En unos pocos puede causar diarrea o náusea.

3. No se sabe qué tan efectivo es el tratamiento para prevenir complicaciones graves como la neumonía.

Entonces, está claro que el tratamiento sí sirve para disminuir los síntomas. El mensaje de los autores no es precisamente «no dar tratamiento» sino tratar de que se individualice en quiénes vale la pena darlo. Tal vez en un niño mayor de 5 años, sano, sin síntomas de gravedad y sin enfermedades o condiciones acompañantes, el tratamiento podría tener sólo un pequeño beneficio, y habría que poner en la balanza el riesgo de que al niño le pudiera dar vómito o diarrea por tomarlo. Pero por otro lado, el beneficio tal vez será mayor en pacientes con alto riesgo de enfermedad grave (como las embarazadas) y pacientes que presentan dificultad para respirar o síntomas severos.

Si desean leer más al respecto, los invito a visitar el blog del Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tec de Monterrey.

La moraleja de todo esto es que las noticias pueden ser malinterpretadas si no se les analiza críticamente. Una buena comunicación con tu pediatra puede despejar las dudas que existen entre los beneficios y los riesgos de éste y de cualquier tratamiento.

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Enfermedades

Historia natural de una enfermedad

Se le llama historia natural de una enfermedad al curso de acontecimientos que ocurren en el organismo humano desde que se produce la acción secuencial de las causas componentes (etiología) hasta que se desarrolla la enfermedad y posteriormente ocurre su desenlace (curación, estado crónico o muerte).

La historia natural se refiere, en pocas palabras, a lo que le pasaría a un ser humano enfermo si no recibiera tratamiento. Cuando se da tratamiento, se le llama curso clínico.

Entender la historia natural de las enfermedades, permite al médico confirmar diagnósticos, conocer medios de prevención, dar pronósticos, y tener una estimación del resultado que tendrá con algún tratamiento específico.

Por ejemplo, el pediatra conoce la historia natural del resfriado común. Al entender esto, sabe que existe una probabilidad extremadamente alta de que la enfermedad se autolimite y que los tratamientos que él pueda dar muy probablemente no modificarán la duración de los síntomas. Entonces, el médico pone en la balanza si es necesario tratar de aliviar los síntomas con medicamentos que pudieran tener algún efecto secundario o mejor esperar a que el cuadro se cure solo.

Ahí es cuando se pone en juego la paciencia y la confianza del enfermo, o de los papás del enfermo. Recuerda que las enfermedades pueden tener periodos sin síntomas, periodos con signos claros de algún diagnóstico, y cambios en su evolución posterior. Así que antes de cambiar de médico, o peor aún de estar rebotando de médico en médico, trata de mantener una excelente comunicación con tu pediatra, para que entiendas las razones del porqué les está dando o dejando de dar algún tratamiento, pidiendo o evitando pedir exámenes, o sólo vigilando la evolución.

Una firme relación médico paciente va más allá que cualquier medicamento moderno.