¿Desodorantes y cáncer de mama?

Ayer “me agarraron en curva” en el consultorio. Una mamá me preguntó si su niña podía comenzar a usar desodorantes. Su principal preocupación era porque había escuchado que los desodorantes podían causar cáncer de mama. Es sorprendente cómo los médicos tenemos respuestas automáticas, a veces basadas en experiencias y a veces en simples deducciones sin fundamento. Sin pensarlo, inmediatamente dije “sí, sí puede usarlos” y “no, no causan cáncer”.

No soy ginecólogo. Tampoco soy oncólogo. Por lo tanto, mi experiencia con el cáncer de mama es… nula. ¿Cómo me atrevo entonces a responder sin conocimiento?

Al menos me dí cuenta de lo que acababa de hacer. Con la paciente en el consultorio, buscamos si había bases científicas al respecto. Por suerte, lo primero que encontré concordaba con mi respuesta: se trataba de un estudio de casos y controles en el que buscaron mujeres con cáncer de mama y mujeres sin cáncer y les hicieron una encuesta sobre el uso de estos productos cosméticos. No se demostró ninguna asociación entre el uso de desodorantes y el cáncer de mama.

Siempre quedan dudas con este tipo de estudios. Al ser encuestas de algo que ocurrió en el pasado, tal vez las personas no se acuerdan de muchos detalles, o tal vez responden muy influenciados por las experiencias y las historias que han vivido. Por otro lado, es fácil que una mujer que desarrolla cáncer escuche la pregunta, recuerde su uso personal de desodorantes, y llegue a la conclusión de que ésa fue la causa. Y después pasa que si lee una noticia sobre esta posible asociación reafirma su pensamiento.

Más tarde, seguí buscando información. Encontré una evaluación hecha por el Consejo Americano en Ciencia y Salud y otra más realizada por los franceses. Ambas concluyen lo mismo. No existe asociación entre desodorantes/antiperspirantes (aún conteniendo químicos como los parebenos) y cáncer de mama.

¿Podrían cambiar estas conclusiones? Tal vez. Sólo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, parece seguro seguir usando desodorante.

El mundo de hoy en día permite que la información fluya sin obstáculos. Información que vale la pena, y otra que no tanto. Hay formas para tratar de distinguir cuál es confiable y cuál no. Siempre habrá anécdotas impresionantes y experiencias personales que nos harán inclinarnos a aceptar o rechazar cierta información. Hay que mantener la calma, ser objetivos y críticos con lo que leemos y escuchamos, y mantener una excelente comunicación con los médicos.

Y a mí, esto me sirve de lección. Haré planas que digan:

“no debo dar respuestas automáticas”
“no debo dar respuestas automáticas”
“no debo dar respuestas automáticas”
“no debo dar respuestas automáticas”