Aprendiendo a nadar

No existe una edad específica para aprender a nadar, todo depende de la predisposición del niño. Teóricamente el niño sabe cómo moverse en el agua porque lo aprendió durante su estancia en el líquido amniótico. Pero, no existe una edad específica para aprender a nadar. En forma de juego, el bebé puede entrar al agua desde los primeros meses de vida y probablemente le dé confianza el hecho de estar habituado a este elemento. Sin embargo, a cada edad corresponde una fase: un niño aprende a zambullirse, a cruzar una tina de 5-6 metros y salir del agua con sus propios medios, entre 2 años y medio y tres años. Todo depende de la predisposición del niño.

Durante el primer año de vida es importante que el niño tome confianza con el agua, por lo que uno de los padres debe estar siempre presente. En la fase de 1-2 años el niño percibe que su cuerpo se mueve en el agua y hacerlo en una tina o chapoteadero resulta toda una diversión. De manera gradual podría aceptar un instructor en lugar del padre y darle mayor seguridad el uso de flotadores. A los 2-3 años se inician los movimientos controlados: pueden meter la cabeza dentro del agua, chapalean las piernas y una tabla flotadora resulta de gran utilidad. En la fase de 3-4 años es la edad ideal para la natación: ya puede dejar solo al niño con el instructor para que le enseñe a mover las piernas y a flotar sin soportes. A los 4-5 años tiene una mejor coordinación y a los 6 años el niño mejora sensiblemente su técnica de avance en el agua.

¿Y al mar? Probablemente entre 3-4 años; la coordinación de movimientos, el saber flotar, le dará mayor seguridad al niño cuando lo lleven al mar y podrá mostrar a sus padres lo que ha aprendido en los cursos de natación.

Se insiste nuevamente que no hay edad específica para aprender a nadar. A cada niño le llega su hora y, al que tarda por miedo al agua, se le deberá tener mucha paciencia. Al temerario se le deberá vigilar estrechamente y nunca dejarlo solo.

Para cualquier contingencia en la alberca o en el mar es conveniente que los padres o nanas que están al cuidado de los niños reciban una instrucción básica de la reanimación pediátrica.