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Falsas percepciones acerca de los cubrebocas

En toda la ciudad, probablemente en todo el país, se ve a la gente caminando por las calles con su cubrebocas puesto. Al ir rumbo al trabajo hoy ví a un joven caminando en un lote baldío, un trabajador en la azotea de una casa, un hombre en bicicleta, una señora barriendo su cochera… Todos ellos tenían cubrebocas. Todos ellos estaban solos. Tal vez había más de 100 o 200 metros de distancia entre ellos y la persona más cercana.

La pregunta obligada sería si estas mascarillas brindan alguna protección para evitar contagiarse de la temida influenza porcina. O si estas medidas realmente previenen el desarrollo de una pandemia. La realidad es que existe muy poca evidencia científica acerca de la eficacia del uso de cubrebocas en esas condiciones. La mayoría de los estudios realizados con este fin han sido observacionales y muchos de ellos se han hecho “al vapor” en otras epidemias, o en ambientes hospitalarios muy específicos.

Entonces, ¿por qué se recomiendan los cubrebocas? Existen varias razones: los pocos y limitados estudios que hay sí muestran algo de beneficio (en especial con los respiradores N95); es una medida fácil de implementar, y es barata.

Debemos tener cuidado con lo que nos dicen o lo que leemos en internet de fuentes no confiables. Algunos están cuestionando el uso de los cubrebocas diciendo que el virus es de mucho menor tamaño que los poros de estas mascarillas. Hay que tener en mente que el virus no “vuela ni viaja solo”. El virus de la influenza se expide en acúmulos junto con partículas de saliva o de moco. El cubrebocas sí confiere filtración, pero su efectividad va disminuyendo a medida que se usa y se humedece.

Ahora, tenemos que tener muy en cuenta que el cubrebocas no es la panacea. El problema es que el cubrebocas puede generar una falsa impresión de seguridad en las personas que lo usan. Hay personas que se lo quitan para estornudar o toser. Y otras se olvidan de otras medidas de prevención que sí han mostrado ser efectivas como el lavado de manos.

Más triste es que algunos están aprovechándose de la situación. Al no haber cubrebocas disponibles ni en farmacias, ni en supermercados, ni en hospitales, la gente que compró en exceso, sin ningún sentido de moral, empatía o ética, los está vendiendo al doble, triple o más de su valor.

Hay otro problema que ha generado la paranoia y la compra masiva de cubrebocas. ¿Qué pasará si el virus se sigue expandiendo y siguen aumentando los casos en el país? Los que realmente necesitan estos métodos físicos de protección son los pacientes infectados, el personal que los atiende (médicos, enfemeras, etc.) y las personas que viven con ellos. ¿Y si no hay disponibles?

Moraleja: el cubrebocas es sólo una medida más de prevención para la transmisión de infecciones respiratorias que podría brindar protección en  entornos seleccionados, como hospitales, y en situaciones determinadas, como cuando ya existen casos confirmados o muy sospechosos. Se deben de tomar en cuenta sus limitaciones, y no olvidar otras medidas de prevención igual o tal vez más importantes como el lavado de manos.